El número de obreros ascendía a 183.000, llamados prosélitos o extranjeros admitidos, es decir, iniciados, Hiram los distribuyó en tres clases: 70.000 aprendices, 80.000 compañeros y 3.300 maestros. Cada una de estas clases tenía sus misterios y secretos, reconociéndose entre si por medio de ciertas señales, palabras y toques peculiares a cada grado. Los aprendices recibían su salario en la columna B, los compañeros en la columna J, y los maestros en la cámara del medio. Los pagadores no entregaban el salario sin examinar escrupulosamente en su grado a cada uno de los que se presentaban.
Ya la construcción del templo se hallaba casi terminada y tres compañeros u oficiales que no habían podido pasar aún a maestros e ignoraban por consiguiente las palabras, signos y toques de este grado, resolvieron sorprender a Hiram y arrancárselos por la fuerza para pasar luego por maestros en los otros países y tener derecho a la paga de su clase. Con este fin, sabiendo que Hiram iba todos los días al templo a hacer sus oraciones mientras los obreros descansaban, se pusieron un día en acecho y cuando le vieron entrar se apostaron en cada una de las puertas, uno en la del Mediodía, otro en la de Occidente y otro en la de Oriente.
Concluidas sus oraciones, se dirigió Hiram hacia la puerta del Mediodía. El oficial allí apostado le pidió las palabras y secretos del grado de maestro. Hiram se negó, y el oficial, irritado con esta resistencia, le asestó un golpe en la nuca con la regla.
Hiram-Abí trató de huir por la puerta de Occidente, pero allí encontró al segundo compañero, que le pidió la palabra de maestro. Rehusando Hiram acceder a los deseos del oficial, éste le dio un fuerte golpe en el pecho con una escuadra de hierro.
Entonces el maestro, reuniendo sus fuerzas, trató de salvarse por la puerta de Oriente, pero allí encontró al tercer oficial, que le hizo la misma intimación que los otros dos. Se obstinó Hiram en callar, y queriendo huir, el oficial descargó con un martillo tan fuerte golpe sobre su frente, que le dejó muerto.
Reunidos los tres asesinos, se ocuparon en hacer desaparecer las huellas del crimen. Ocultaron el cadáver bajo un montón de escombros y cuando llegó la noche le sacaron de Jerusalén y le enterraron lejos de la ciudad, en la cumbre de una montaña.
Pronto fue echado de menos el sabio arquitecto, y Salomón ordenó que nueve maestros se ocupasen exclusivamente en buscarle. Tomaron éstos distintas direcciones, y al día siguiente llegaron varios al Líbano. Uno de ellos, rendido de fatiga, se tendió sobre un cerrillo y observó al poco rato que la tierra estaba removida. Participó a sus compañeros esta observación, en vista de lo cual cavaron en aquel paraje, encontrándose un cadáver, que reconocieron con dolor ser el de Hiram-Abí. Depositaron de nuevo el cuerpo en la fosa, le cubrieron de tierra y regresaron a Jerusalén, donde dieron cuenta a Salomón del resultado de las pesquisas. Para reconocer el sitio donde Hiram estaba enterrado, cortaron una rama de acacia, que plantaron encima de la sepultura.
Salomón dispuso que los nueve maestros hiciesen la exhumación del cuerpo y lo transportaran a Jerusalén. Les recomendó que buscasen sobre el cadáver la palabra de maestro, y que de no hallarse, pusiesen mucho cuidado en observar el primer gesto que se hiciese y las primeras palabras que se profiriesen a la vista del cadáver, a fin de que fuesen en lo sucesivo los signos y palabras de maestro. Se revistieron los hermanos con sus mandiles y guantes blanco, marcharon al Líbano e hicieron la exhumación.
Se trató inmediatamente de averiguar quiénes eran los autores del crimen. La ausencia de tres compañeros no dejó duda acerca de los asesinos. Un desconocido se presentó a Salomón y le dijo en secreto el lugar donde se refugiaban.
Salomón convocó durante la noche al consejo extraordinario de los maestros, y les dijo que necesitaba nueve de entre ellos para desempeñar una comisión delicada; pero que constándole el celo y valor de todos y no queriendo dar la preferencia a ninguno, la suerte decidiría quiénes iban a ser los elegidos. Se hizo así y el primero designado por la suerte, llamado Joabén, fue nombrado jefe de la comitiva.
En seguida Salomón despidió a los demás maestros y expuso a los nueve el descubrimiento que un desconocido le acabada de hacer. Los elegidos concertaron las medidas que deberían tomar, adoptaron por palabra de reconocimiento el nombre principal de los asesinos, y salieron de la ciudad antes de amanecer. Guiados por el desconocido caminaron hacia Joppa, y a las 27 millas llegaron a la caverna de Ben-Acar, donde los asesinos se ocultaban.
Dos hombre que caminaban hacia la caverna, al ver a la comitiva emprendieron la fuga por entre las rocas. Reconocidos en esto culpables, se les persiguió largo tiempo, hasta que , viéndose próximos a ser cogidos, se precipitaron a un barranco, donde los maestros los hallaron expirando. Mientras tanto, Joabén, el jefe de de la expedición, viendo que el perro del guía se dirigía a la caverna, como siguiendo la pista de alguno se precipitó detrás. Una escalera de nueve peldaños le condujo al fondo de la gruta, donde a la luz de una lámpara distinguió al tercer asesino que se disponía a descansar. Viéndose descubierto este desgraciado, lleno de terror ante la visita de un maestro a quien reconoció, se hirió con un puñal en el corazón.
Los elegidos dejaron los cuerpo de los asesinos tendidos en el campo para que sirviesen de pasto a las fieras, llevándose las cabeza, que estuvieron expuestas por espacio de tres días en el interior de los trabajo con los instrumentos que sirvieron para cometer el crimen. Después fueron consumidas por el fuego y los instrumentos hechos pedazos. Satisfecho Salomón de la conducta de los nueve maestros, les agregó otros seis, y dispuso que en adelante llevasen el nombre de elegidos. Diose por diviso una banda negra que se sostenía en el hombro izquierdo y terminaban en la cadera derecha, de cuyo extremo pendía un puñal con una empuñadura de oro. Las palabras, señales y toques de reconocimiento fueron análogos a la acción que iban a ejecutar. En lo sucesivo su empleo fue la inspección general de los trabajo y de los masones. Cuando era necesario proceder en juicio contra alguno de éstos, el rey los convocaba en lugar reservado. El desconocido que les sirviera de guía en su expedición era un pastor, que entró en el cuerpo de los masones, llegando con el tiempo a pertenecer al número de los elegidos.
En estos hechos se apoya el cuarto grado de la Masonería. Ya los trabajos de la edificación del templo estaban para concluirse y apenas quedaba otra cosa que hacer sino consignar en lugar seguro y secreto el nombre del Gran Arquitecto del Universo, según era conocido desde su aparición sobre el monte Oreb en un triangulo radiante. Este nombre era ignorado por el pueblo y se conservaba por tradición que se hacía una vez al año, pronunciándolo el gran sacerdote rodeado de todos que podrían oírle. Durante la ceremonia se invitaba al pueblo a que gritase y aplaudiese, evitando poder ser oída la palabra por profanos.
Salomón hizo practicar en la parte más oculta del templo una bóveda secreta, en el centro de la cual colocó un pedestal triangular. Se bajaba a ella por una escalera de veinticuatro gradas dividida en tramos de tres, cinco, siete y nueve, y no era conocida más que del rey y de los maestros que en ella habían trabajado.
Hiram había grabado la palabra sobre un triángulo de oro puro que llevaba siempre pendiente del cuello; colocada sobre el pecho la superficie en que la palabra estaba grabada. Cuando le asesinaron tuvo tiempo para desprenderse de este triángulo y arrojarlo en un pozo que estaba en el extremo Oriente, hacia la parte del Mediodía. Salomón ordenó que hiciesen pesquisas para averiguar el paradero de la preciosa Joya.
Pasaban un día tres maestros junto al pozo en la hora del mediodía, y observaron que los rayos del sol, que caían perpendicularmente en el Pozo, hacían brillar un objeto en su fondo. Uno de ellos hizo que los otros dos le bajasen y encontró el delta que se buscaba. Llenos de alegría, se presentaron a Salomón, que a la vista del triángulo dio un paso atrás levantando los brazos y exclamando: Ya está aquí la palabra de....¡Gracias a Dios!
Llamó enseguida a los quince elegidos y a los nueve maestros que habían construido la bóveda secreta y acompañado de los tres que habían encontrado el delta, descendió a la bóveda. El triángulo fue incrustado en medio del pedestal y cubierto con una piedra de ágata de forma cuadrangular.
En la cara superior de esta piedra se grabó la palabra sustituida, y en la inferior todas las palabras de los diferentes grados de la Masonería. Salomón declaró a los 27 maestros elegidos la antigua ley que prohibía pronunciar la palabra del Gran Arquitecto y recibió de ellos el juramento de no revelar lo que acababa de suceder. Se colocaron delante del triángulo tres lámparas de nueve flameros cada una, y se selló la entrada de aquel lugar, que fue conocida con el nombre de la bóveda sagrada.
Este secreto quedó entre los 27 elegidos y sólo fue transmitido a sus sucesores. juraron eterna alianza, y Salomón, en señal, des dio un anillo de oro. Después de la muerte de este rey se gobernaron por si mismo siguiendo sus leyes dirigidas a la conservación de la obra.
Nabucodonosor, el decimoctavo año de su reinado, puso sitio a Jerusalén , y después de una tenaz resistencia, los habitantes, rendidos de hambre y de fatiga, demolidas las fortificaciones, a pesar de la vigilancia y actividad de los masones libres, la ciudad fue tomada a los diez y ocho meses de sitio.
Los principales de la ciudad con sus tesoros, y el rey Sedecías con su familia, se refugiaron en el templo; los masones intentaron una nueva resistencia, pero no pudieron resistir ala superioridad numérica de sus enemigos. Nabucodonosor ordenó a su general Naburzan que destruyese la ciudad y el templo hasta en sus cimientos, y fueran los habitantes conducidos cautivos a Babilonia. Esto sucedía el año 606 antes de J.C.
Los vencedores, para humillar más a los vencidos, les pusieron cadenas de eslabones triangulares, significando así el desprecio con que miraban el delta.
Inmenso el dolor que los masones experimentaron, no por verse cautivos, sino por contemplar profanado y demolido el templo, la obra más grande y magnífica que la mano del hombre levantara hasta entonces a la gloria del Gran Arquitecto del Universo.
Después de setenta años de cautiverio, Ciro concedió libertad a los judíos, y les restituyó los tesoros del templo. Zorobabel, descendiente de los primeros de Judea, honrado por Ciro con el título y distintivo de caballero de su Orden, se puso a la cabeza del pueblo judío, y el 22 de marzo emprendió la marcha hacia Jerusalén.
Llegado a los márgenes que separan Asiría de Judea, hizo construir un puente para que el pueblo pudiese pasar. Pero entretanto los pueblos de las comarcas opuestas se coaligaron contra ellos y les atacaron s u paso por el puente, Zorobabel en la refriega perdió el distintivo de honor con el que Ciro le había condecorado; pero armado de una espada que sólo con la vida podía perder, y ayudado de los bravos masones que le seguían, derrotó a los enemigos y entró en Jerusalén,
Muchos naturales de esta ciudad, escapados del cautiverio, vagaban por todas partes en el estado más miserable. Había entre éstos algunos elegidos, que se unían en secreto, a fin de practicar las ceremonias de su Orden y conservar las tradiciones. Al destruir el templo, no había sido hallada la bóveda secreta. Los elegidos la buscaron y se apoderaron del triángulo que fundieron para no verlo profanado si caía en manos de los enemigos; rompieron la piedra ágata, y transmitieron sus secretos por tradición. Nombraron un jefe que presidiese sus asambleas, y continuaron sus reuniones.
Zorobabel fue admitido en la confraternidad por Ananías, jefe de los masones. En seguida dispusieron reedificar el templo, y siendo molestados por los enemigos, trabajaban sin abandonar las armas. A consecuencia de esto, los obreros tuvieron siempre la espada en la mano y la trulla en la otra.
Después el templo fue destruido por los romanos el año 70 d.c. y los masones, si bien permanecieron ocultos, no se desunieron., Se propagaron sí por todo el mundo, dándose a conocer por sus nuevos trabajos.
Las reconstruciones de los últimos arquitectos barrocos desembocarán en las estructuras geometrizantes del Siglo de las Luces. Tambien destaca el surgimiento de una masonería en alza que culminará el siglo XVIII con grandes reconstrucciones.
1694: Nikolaus Goldmann y Leonhard Christoph Sturm
El matemático y profesor de arquitura alemán Nikolaus GOLDMANN (1611-1665) fue autor de la «Introducción completa a la arquitectura civil», un compendio de la arquitectura de su época, publicado póstumamente (1696), donde el Templo se proponía como patrón de perfección para medir y regular todas las ramas de la arquitectura. Presta particular atención al uso de módulos en la construcción, así como a la teoría de las proporciones. En realidad se trata de una versión simplificada, sin los muros y pérgolas exteriores, de la propuesta de Villalpando, adaptada a los nuevos gustos arquitectónicos de la época. El Santuario también se adapta a alguna de las últimas reconstrucciones.
Sus notas y diseños habían sido utilizados dos años antes en Leipzig por el editor de aquella obra, el teólogo y arquitecto Leonhard Christoph STURM (1669-1719) en su obra «Sciagraphia Templi Hierosolymitani», basada directamente en la traducción que hizo Lutero de la Vulgata. Los elegantes caracteres góticos de ésta se mezclan con eruditas citas en hebreo y griego. La obra contiene sólo cuatro grabados, ya que la propuesta completa que incluiría alzados se presentó dos años después en la edición de Goldmann. En realidad Sturm presenta dos propuestas: el Templo de Herodes (lám. 1: «Designatio Templi juxta Talmudicos Doctores») y el de Ezequiel. El primero es una clásica propuesta rectangular de 340x140 codos, con la novedad de situar los espacios auxiliares del Templo fuera del rectángulo, en lugar de sobre el mismo muro, como será habitual. Los patios de las cocinas («culinis populi») son cuadrados, de 40x40 codos. En cuanto al Templo de Ezequiel, Sturm se basa claramente en Villalpando, al que, todavía, añade un atrio exterior concéntrico («atrium gentium», 3000x3000 codos, que sería el tamaño del «montis sancti»), que recoge el atrio de las mujeres (1000x1000) y un templo semejante al propuesto por Villalpando (800x800). Repite las dos consideraciones más dudosas de Villalpando: la división del atrio exterior en siete atrios cuadrados y la extensión del Templo fuera del cuadrado de 500x500. También rediseña todo el área del Santuario y añade, en una curiosa entente con los textos rabínicos, dos conjuntos de patios cruciformes de 40x30 codos en dos de los atrios exteriores, así como elementos de tabiquería allí donde Villalpando sólo preveía columnatas para disponer los numerosos habitáculos auxiliares del Templo que el jesuíta, más preocupado por la belleza de sus láminas, olvidaba. Las citas al Talmud son habituales, así como las de teóricos como Ribera, Cappel (de quien toma la disposición de los patios perimetrales), Coccejus, Judá León (a través de la edición de Sauberto), Goldmann, Wasmuthius y, por supuesto, Villalpando.

1695: Abraham ben Jacob
El Amsterdam Haggadah (conservado en la New York Public Gallery) se convirtió pronto en una imagen clásica dentro de la iconografía rabínica de la religión judía, especialmente por su amplia difusión en el occidente europeo. Amsterdam se había convertido en el siglo XVII en uno de los grandes centros del judaismo tras la independencia del Imperio Español. Numerosos judíos españoles y portugueses llegaron aquí animados por el ambiente tolerante y abierto de los Países Bajos. A diferencia de Venecia, allí no se puso ninguna restricción a la propiedad de imprentas por judíos, por lo que su número creció rápidamente: «Impreso en Amsterdam» pronto fue un signo de excelencia tipográfica y de diseño, así como de fiabilidad textual.
Esta imagen del Templo, con el Sol atardeciendo tras el templo, ha sido copiada hasta la saciedad en los Haggadah judíos hasta la actualidad, así como un mapa de Canán con la ruta del Éxodo y los límites de la Tierra. Hay algo de ironía en todo esto, ya que Abraham ben Jacob -un judío converso que había sido sacerdote cristiano- tomó prestadas la mayoría de las ilustraciones de artistas cristianos. La conocida imagen del Santuario está tomada de las Icones Bibliae de Mathaeus Merian, que Abraham debió conocer bien como sacerdote. Pese a ello, se le reconoce haber ampliado los límites de la ilustración de los libros judíos. Las innovaciones no estaban sólo en las ilustraciones sino, principalmente, en la técnica. Fue la primera Haggadah en la que se usaron planchas de cobre en lugar de madera.

1701: Johannes Lund
Es interesante destacar la hábil lateralidad centralizada del teólogo luterano holandés Johannes LUND (Flensburgo, 1638-86) en «Die Alten Juedischen Heilightuemer» entre el gran número de intentos, donde la fuerte influencia de las bellas estampas de Villalpando se contrapone a las más exactas descripciones de los rabinos, cuya falta de simetría molestaba hasta a los más fieles seguidores. Las citas, sobre todo, a Judá León «Templo» son contínuas. Sus ilustraciones fueron usadas para una de las más famosas maquetas del siglo XVIII, la realizada por los administradores del orfanato de Glaucken (Halle, Alemania) en 1718.
1721: Johann Fischer von Erlach
El arquitecto austriaco Johann Bernhard FISCHER VON ERLACH (Graz, 1656 - Viena, 1723) concibió el «Entwurff einer historischen Architektur» (Viena, 1721), un tratado escrito en alemán y francés en el que compara las diferentes culturas universales a lo largo de la historia. En él se hacía eco de la reconstrucción de Villalpando, de la que incluye una planta y una perspectiva, citando también a Josefo para el Segundo Templo, a Lightfoot para el interior y al Viaje de la Tierra Santa de Doubdan para la actual mezquita de la Roca.

1723: Christopher Wren
El gran arquitecto británico Christopher WREN (East Knoyle, Wiltshire 1632 - Londres 1723) es más conocido por ser el arquitecto real que reconstruyó la capital inglesa después del Gran Incendio de 1666 y el que le dio el primer envión de gloria. COnstruyó también la catedral de San Pablo en Londres, el hospital de Greenwich y el palacio de Kensington, pero también tuvo relación con el salomonismo. Algunos de los tratados de arquitectura de Wren, incluidos por su hijo Christopher en el Parentalia, se refieren a edificios antiguos, aunque muestran escaso interés por las armonías Pitagóricas o los sagrados principios que Dios empleó como arquitecto. Wren se interesó por el Templo de Salomón, pero no creía que su calidad estuviera causada por su inspiración divina. Muestra su admiración por el elegante orden corintio de Villalpando, al que define como una "fine romantick Piece". Rechaza la asociación de Vitruvio de los órdenes con las proporciones humanas, sino que cree que tiene más que ver con los árboles que con los hombres.
- Christopher Wren, Parentalia: or, Memoirs of the Family of the Wrens, p. 360, Londres, 1750. La parte de Sir Christopher se editó aparte en 1903 y en facsímil en 1965: Life and works of Sir Christopher Wren from the Parentalia or Memoirs by his son.
1725: Nicholas Hawkmoor
Uno de los principales discípulos y colaboradores de Wren, Nicholas HAWKMOOR (Londres 1661), también se interesó por el prototipo bíblico. Es probable que, entre otras, la Christ Church en Spitalfields se construyera siguiendo las líneas del Templo de Salomón, como resultado de su preocupación por la arquitectura cristiana temprana y la búsqueda de la "iglesia esencial". Siguiendo los razonamientos de los francmasónicos, que se consideraban sucesores de los constructores de las pirámides y del Templo de Jerusalén, sus jardines y fachadas se salpicaban de esbeltas pirámides y referencias salomónicas. No es difícil apreciar las semejanzas de la Christ Church con la reconstrucción del Templo de Arias Montano, con la planta rectangular, la nave con una armónica sucesión de ventanas en varios niveles y la torre sobre el vestíbulo. Este esquema forma parte de una larga tradición en las iglesias inglesas de la época: el exterior es complejo y simple a la vez, con un amplio y rotundo pórtico coronado con una bóveda de cañón corrido y una fachada que se eleva en un volumen rectangular dominado por una alta ventana serliana y rematado por una moldura que hace de base al campanario y su alta aguja, reminiscencia de las agujas góticas destruidas por el fuego del Gran Incendio.


Dentro del tono críptico de la masonería inglesa de la época, la leyenda "The Wisdom of Solomon" (La sabiduría de Salomón) puede leerse en otra obra de Hawksmoor: la iglesia de St. Anne en Limehouse, templo que naturalmente sigue el mismo esquema que la Christ Church.

1728: Isaac Newton
| También el físico y matemático inglés Isaac NEWTON (Whoolstorge, 1642-1725) aportó su conocimiento del hebreo y del problema del templo a un serio estudio del Templo de Salomón y Ezequiel, el «Chronology of the Anctient Kingdoms...» (1728), publicado póstumamente, con una descripción de la Corte Interior del Templo de Salomón basado en elementos de Ezequiel, pero descartando todo lo que añadieron Zorobabel y Herodes, es decir, la parte asimétrica o diferente de las tres descripciones. Las medidas son 200x250 codos, de proporción 5:4 = 1,25. Sus manuscritos han sido recientemente editados en un libro en castellano. | ![]() |

También dejó inéditos numerosos diagramas con notas manuscritas, que demuestran su erudición filológica y exegética. Uno de los manuscritos trata directamente el tema del Templo de Salomón. En él, demuestra un exhaustivo conocimiento de las fuentes bíblicas ortodoxas, sin caer en la tentación de los simbolismos arbitrarios, inluso permitiéndose corregir aspectos mal traducidos por San Jerónimo. Cita también a Josefo, Maimónides, la Misnah de Compiègne de Veil, Ricardo, Montano, Vatable, l'Empéreur, Villalpando, Drusius y Cappel demostrando una gran erudición filológica con inesperadas claras ideas de la arquitectura del Templo. A estos dos últimos autores y su «Critici Sacri», la compilación teológica más importante de su momento, parece deber no sólo las principales ideas, sino sobre todo los procedimientos ilustrados de exégesis bíblica. Las diferente traducciones seguramente fueron tomadas de la políglota de Walton.
En cuanto a la disputa sobre qué templo se parecía más al de Salomón, si el de Herodes o el de Ezequiel, toma claro partido, pero demostrando su conocimiento del segundo: "El Templo de Salomón junto con sus atrios no ha sido descrito suficientemente en ningún sitio, salvo en las visiones de Ezequiel [...] cabe esperar que los edificios levantados sobre los mismos cimientos se clarifiquen mutuamente". También demostró una gran erudición con un tema que nos concierne especialmente: el de las medidas hebreas. Pero tendremos que volver sobre el tema en otro momento.
- Isaac Newton, The Chronology of Ancient Kingdoms Amended, London, 1728.
- Isaac Newton, El Templo de Salomón, Ed. crítica, trad. española y estudio de Ciriaca Morano, Debate CSIC, Madrid, 1996.
1731: Johann Jacob Scheuchzer
El alemán Johann Jacob SCHEUCHZER es el autor de «Physica Sacra» (1731-35), una monumental obra que alcanzó gran reconocimiento en su tiempo, en la que se dedica una documentación muy completa al Templo. Incluye las reconstrucciones de Villalpando, Lund y Sturm, que le deben parte de su notoriedad.
1741: John Wood
Algo posterior es la propuesta del arquitecto inglés John WOOD (1704-1754), masón y misticista, que tanto hizo desde la ciudad-balneario de Bath por la propagación del neopaladianismo en Inglaterra. En su obra «The Origin of Building» defiende el origen hebreo, a través de Grecia y Egipto, de la arquitectura pagana romana. Esta discutible tesis es una manifestación tardía de la vieja idea de Villalpando de eliminar de la arquitectura clásica toda asociación pagana a fin de justificar su uso en el cristianismo. Con una potente concepción geométrica, casi podríamos decir que racionalista, vuelve a la disposición rectangular con dos atrios, pero sin la presencia de los atrios interiores cruciformes de las cocinas, reminiscencia de los grabados de Vatable. La inscripción del Santuario dentro de sucesivos niveles de muros es la clásica de las representaciones judías.

1767: Hilario Santos Alonso y Manuel Josef Martín
Aunque no hace ninguna alusión al monasterio del Escorial, es muy interesante esta obra, ya que no abundan precisamente los tratados salomónicos en la España de la ilustración borbónica. En esta época, el edificio de Felipe II se trataba desde el punto de vista arquitectónico, despojándolo de toda tradición simbólica o dinástica. Se inscribía así en una discusión más amplia sobre el clasicismo arquitectónico europeo de los siglos XVI y XVII. Estos dos escritores, inscritos en la moda de imitaciones del Quijote y su constumbrismo, escriben en una prosa popular, breve y asequible.
- Historia verdadera y sagrada del Rey Salomón, y fábrica del gran Templo de Jerusalén. Sacada de la Sagrada Escritura, según Calmet, Villalpando y otros insignes expositores, su autor Don Hilario Santos Alonso, en Madrid, en la imprenta de D. Manuel Martín, 24 pp. (ed. 1771 Valencia, 1772 Murcia); ed. de Madrid, 1778, por Manuel Josef Martín.



















